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Si me preguntaran quién soy, respondería "Un par, por favor"

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La para-distopía absurda

Martes 15 de marzo de 2016, por Manuko

Ignorando
La mayor parte de la gente, al hablarles del poder que acumula aquel que acumula cosas a las que ellos no le ven sentido, al final concluyen su proceso mental en una mezcla de sentimientos que podríamos definir por las frases "seguramente no es para tanto, y por lo tanto me da igual" y "hostia, a lo mejor las estructuras humanas son realmente una mierda incomprensible y peligrosa, y yo en mi ignorancia soy feliz, pero conociendo la realidad quizá nada tendría sentido".


Subidón y bajón. Subidona o bajona, vaya, que es lo mismo. Algunos se cabrean: cuando de animales hablamos, el carácter sale a veces, y el ser humano no es en ese sentido ni menos, ni más. "¿¡Cómo que nos espían!?", "¿¡Cómo que detienen titiriteros!?". ¿¡Cómo que multan por ayudar a refugiados!?", "¿¡Cómo que una manifestación taurina!?". "¿¡Cómo!?, ¿¡que ese corrupto es diputado!?".

"¿¡Cómo que una mujer muerta!?", "¿¡Cómo que otra!?". "¿¡¡OTRA MÁS!!?"

Es tremendo como a veces los ignorantes somos capaces de ignorar, incluso, nuestra propia ignorancia. No sé, solo puedo cogerme a mi como referencia, y aunque no paro de darle vueltas a mil historias, y tengo mucho que decir sobre muchas cosas, me considero bastante ignorante, y tiendo mucho a lo ingenuo, pero normalmente ignoro ambas cosas. Ese marco resulta una gran manera de poder pensar la vida, y aprender de ella, mucho más que dando por sentado las cosas. O eso me parece a mi. Al final, es una forma más de reconocerse a uno como humano, una forma que, en todo caso, implica que no solo somos un ser limitado.

No solo limitado, como todos los animales. No solo estamos limitados por los ejes del universo, el origen y el fin de nuestras vidas, o la capacidad craneal. Como máquinas hechas por una inevitable casualidad para, simplemente, aprovechar mejor la energía (o la información, llámese como se quiera), al final otras inevitables casualidades tenían que salir a relucir antes o después. Como, por ejemplo, la creatividad transformadora como brote inevitable de la capacidad (o posibilidad) de razonar junto a previos mecanismos evolutivos de memoria y abstracción.

Absurdis capax
"Rationis capax". Así nos llamó Jonathan Swift en una epistola a Alexander Pope del 29 de Septiembre de 1725. Rationis capax, que no es igual que Animal Rationabile, ni tampoco es del todo Anthropon Logon Echon, ni Zoon Politikón. A veces somos cívicos, si, pero otras no. A veces le damos a la razón, pero otras no. A veces pensamos, pero otras no. Y esas otras veces, hacemos otras cosas. Incluso ocasionalmente opuestas a lo que haríamos si pensáramos, si razonáramos, o si simplemente fuéramos cívicos. De ahí que hayamos hecho llegar una máquina hasta el planetoide Plutón, mientras en los carteles de las farmacias pone "Homeopatía aquí". Mordor existe, está en Caronte, le hemos hecho una foto, y para la tos explosiva o la taquicardia tomate un poco de agua sin nada en la que, no obstante, te diré que hay, no sé, un poco de dinamita.

No sé, es tremendo. Mirándolo bien, esta distopía que vivimos supera cualquier intento de hacer humor absurdo. Y lo peor es que lo digo en serio: no me invento nada, solo quito el contexto. Caronte, satélite de Plutón, tiene una región oscura llamada "Mordor". Y si, hoy día se venden preparaciones homeopáticas que dicen tener TNT (aunque, claro... no), y que, en un mundo fantástico, curarían desde el dolor de cabeza hasta la tos convulsiva o irregularidades del ritmo cardiaco (lo que provocaría la ingesta de TNT, vaya). A veces incluso pasará que alguien con dolor de cabeza se tome eso durante cinco días y al sexto no le duela la cabeza. Claro, o no. O si. A saber. La verdad es que existiendo analgésicos de verdad, cinco días son mucho rato con dolor de cabeza... pero bueno. No sé, a veces da por pensar que oscilamos entre el "Rationis capax" y el "Absurdis capax", quizá de una forma no muy adecuada.

Gulliver y los caballos
Jonathan Swift hizo eso de descontextualizar la realidad observable desde el más estricto humor absurdo, pero mejor, claro. Eso si, su Gulliver, al final, concluía sus viajes a modo de ermitaño y sin querer saber nada de nadie. Tras conocer a los Yahoos, con forma humana pero completamente salvajes e irracionales, se dió cuenta de que, si, eso somos el resto de humanos, solo que a veces no tan irracionales. Eso si, normalmente usamos la razón para exacerbar nuestros vicios. Los Houyhnhnms de Swift, los verdaderos animales racionales (hippomorfos, no antropomorfos), al final juzgan a Gulliver como un peligro para su sociedad, precisamente porque es, digamoslo así, solamente "Animal Ratione Capax", y no "Animal Rationabile", y eso, justamente, le haría recurrir a la razón, si, pero solo ocasionalmente. Un peligro.


Quizá Swift se equivoque un tanto en la visión: quizá toda la conclusión de su obra sea producto de una mente acomodada, o quizá incluso perturbada, incapaz de reconocer cuando recurre a la razón, y cuando a los instintos más básicos. Quizá los Houyhnhnms, en su racionalidad, jamás habrían juzgado a Gulliver como un peligro: al fin y al cabo, la sentencia se basa en las mismas conclusiones a las que llega Gulliver, un ser solo "Rationis Capax", y cuyas conclusiones, por lo tanto, podrían ser imperfectas: que los humanos son como los Yahoos, y no hay pero que valga. O quizá simplemente había que dejar de darle vueltas, y terminar la obra de una manera, en cierto modo, romántica: con Gulliver ermitaño, hablando con caballos que no le responden.

Desde la reflexión social, la conclusión de Swift es ineludible estos días. Su descripción del mundo como una distopía, descontextualizada y centrada en un individuo, termina por darnos a entender que los males de la sociedad están en el individuo. Y si tal conclusión es ineludible es porque, hoy día, nos puede dar mucho que pensar.

Por ejemplo, ¿es así?

El individuo es el malo
¿Los males de la sociedad vienen de cada uno de nosotros como individuo?

Cuando vemos como nos comportamos los seres humanos, tanto como individuos como siendo parte de grupos, podemos ver cosas diferentes, pero en el fondo no tan distintas. El ser humano puede acudir a la razón de forma autónoma, individual, pero necesita la influencia del entorno para contextualizar sus razonamientos y que las conclusiones tengan alguna utilidad. Normalmente, sin embargo, la mayor parte de decisiones que tomamos a lo largo del día vienen de impulsos que no tienen nada que ver con la razón, sino con emociones o, digamos (mal, pero digamos...), instintos básicos.

Como grupo, sin embargo, somos mucho más mecánicos, predeterminados por una extrema aplicación de la razón que, normalmente, no tiene en cuenta en absoluto al individuo autónomo, y se comporta en base a flujos de información procedentes de distintos nodos, que se expanden por redes de afinidad, tendiendo a provocar reacciones emocionales en los individuos, ya que se producen de forma mucho más sencilla y rápida que las reacciones racionales.

No es ninguna conspiración, vaya: de entre todo lo que puede ocurrir, siempre ocurre lo más sencillo. Incluso el recurso a la razón es en gran parte lo más sencillo que puede aparecer en el universo para alcanzar los niveles de optimización energética según el planeta en el que nos ha tocado vivir, que, si bien aún no hemos alcanzado el punto de entender que debemos preservarlo más intensamente, es realmente cojonudo para esto de ser "Animal Rationis Capax".

Lo malo de todo ello es eso de que el grupo tiende a provocar reacciones emocionales en los individuos. Los situados, por distintos motivos, en la cercanía o el centro de los nodos que sirven tanto de repetidor de informaciones como de generadores de información, tienden a tener mucha capacidad de influencia, y gustan de sentir sensaciones de saciedad y felicidad, incluso de poder y control sobre el mundo, o al menos la sensación de hacer lo correcto. Los grupos, de por si, crean desde la razón las herramientas para provocar esas sensaciones. El dinero, por ejemplo. O el capital riesgo, las permutas de tipo de interés, y los derivados de mercados de divisas. O las elecciones generales de las poliarquías. O los distintos tipos de empresas y sociedades económicas, o incluso asociaciones de vecinos. O Mafias de transporte de refugiados. O Partidos Políticos. O Sindicatos.

Estados, instituciones públicas, colegios, instituciones médicas. Equipos de fútbol, pandillas de colegas. Cualquier avance que vemos distinto al mundo natural son aportaciones de individuos a grupos que han asumido y adaptado, con otras aportaciones, las ideas originales de cada uno, cada cual basada en la observación y contemplación de otras ideas previas o del mundo natural.

Y, sin embargo, como grupo, el pensamiento racional está limitado exclusivamente al beneficio del ser humano. Como individuos, somos capaces de razonar también en base a la consideración del mundo que nos rodea como algo hacia lo que tenemos deber de conocer y mantener, pero como grupos extinguimos al pájaro Dodo, provocamos el desastre nuclear de Chernobil, y distorsionamos la realidad hasta el punto de decir que el entorno natural alterado por el hombre es siempre mejor que el entorno natural por si mismo. Incluso, ocasionalmente, se podrían describir algunas acciones de cualquier grupo como propias de individuos psicóticos, si entendiésemos el grupo como un individuo.

De hecho, eso de entender el grupo como un individuo es una prueba de todo ello. El grupo, realmente, tiende a entenderse a si mismo como individuo, con personalidad propia. Incluso podemos encontrar en el marco legal de cualquier país esa realidad, según la cual un grupo de personas puede actuar con personalidad propia como grupo. Y si, es cierto que PUEDE entenderse al grupo como individuo, pero no es más que una analogía ficticia que sirve para establecer argumentos sobre el comportamiento de los grupos y los individuos. Realmente, es absurdo que la realidad humana se base en estructuras en las que los grupos son entendidos como entes con personalidad. Más aún, es tan absurdo que, siendo una realidad conceptual tan fuerte en las vidas humanas, llega a ser distópico.

No, espera: el grupo no es siempre bueno
Si en el siglo XVIII la conclusión de Swift era que los males de la sociedad vienen de los individuos, y que el grupo es por lo tanto bueno mientras algunos lo manipulan, hoy día realmente tendríamos que entender que hay algo sistemático en los grupos de seres humanos, una tendencia a reconocerse con personalidad como grupo, que si, sacia a los individuos, pero hace al propio concepto de grupo como un resultado propio del ser individual. No: los grupos no son buenos y el individuo malo. Los individuos son, y los grupos son en base a los individuos. Pero las sociedades no son buenas per se. Alcanzamos avances humanos y nos hacemos más humanos a partir de esas asociaciones, dejando de lado en ello parte de la base que nos hace seres humanos, y que desarrollamos como individuos, dando pie ocasionalmente, cada uno de nosotros, a ser alienados por distintos grupos, o a ocasionar su aparición.

Como me da de vez en cuando por tender a lo redicho, y estudie algo de politología en el pasado, al contemplar el concepto de democracia como un ideal inalcanzado o inalcanzable, utópico quizá, con una realización en sociedades democráticas que en realidad tienden a ella pero se organizan por poliarquías; igual que el comunismo tiene una realización en el socialismo, o el liberalismo la tiene en el corporativismo capitalista, realmente podemos decir que si la utopía nos hace caminar, como nos decía Galeano, vivir en un mundo que tiende a la utopía, podría entenderse conceptualmente como una realización de la utopía en si, un mundo para-utópico. Por oposición, nuestro mundo hoy día es realmente para-distópico: aquellos que desvelan importantes verdades ocultadas por grupos son desterrados y perseguidos. Vemos imágenes de guerra, destrucción y migraciones masivas por esos motivos todos los días. Una masa de gente intenta llegar a Europa para intentar tener un futuro, una vida, huyendo de países destruidos por una guerra que podríamos llamar eterna. Los medios de comunicación manipulan la información alterando el pensamiento compartido a nivel social, opacando la realidad y creando relatos que, encima hoy día, son cambiados a cada rato. Ocasionalmente, se reescribe la historia, borrando todo rastro de lo que fue. Y... bueno, todo lo demás.

Pero bueno, oye, habrá que reírse
Pero mientras tanto, no hay por qué dejar de reírnos. Y nos reímos bastante, autónoma e independientemente, qué menos. Como individuos, somos capaces de cosas extraordinarias, fuera de lo que un grupo tiene a su alcance: somos capaces de estar por nosotros mismos, con una certeza superior de que somos reales, seres vivos que mantienen y crean la vida. Por eso aún somos capaces de reímos, por ser capaces de observar, como individuos, aquellas cosas que los grupos no observan. Si, cierto que nos reímos en grupo también, y que lo hacemos de individuos, pero también de grupos en si. Hay que reírse, hay que generalizar y ridiculizar las actitudes que, aunque vengan de personas que puedan actuar de manera nociva para la mayoría social, siempre tienen algo de absurdo: ¿qué menos? Lo vivimos, que para algo estamos aquí. Nos reímos, que para algo estamos aquí. Igual que, si, nos cagamos vivos cuando un jodido magnate fascista se presenta a las elecciones en algún país poderoso, que para algo estamos aquí.

La para-distopía absurda
En definitiva, una para-distopía, en la que no son buenos per se ni las personas ni los grupos a los que pertenecen. Y aunque raya lo absurdo y se adorna con toques de progresividad en el conocimiento del universo a lo largo de la historia, la realidad humana no deja de ser bastante tonta. Quizá solo dando importancia masiva tanto a ampliar el conocimiento como a mejorar nuestra visión absurda de los fallos del mundo, seamos capaces de reaccionar a nivel global y organizarnos espontáneamente para cambiar el rumbo, y tender de donde estamos, una para-distopía, a vivir en un mundo que tienda a la utopía, y se convierta, quizá, en para-utópico.

Que estaría mucho mejor...

Pero, claro, puede que tampoco.

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