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Si me preguntaran quién soy, respondería "Un par, por favor"

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A por la patria de los socialdemócratas marxistas

Sábado 11 de junio de 2016, por Manuko

No soy patria. Ni socialdemócrata. Y seguramente otros no dirían ni lo que yo digo de mi que soy. Y con estas cosas quiero decir que no enarbolé jamás la bandera de este país hasta sentirla propia. La bandera de mi país, que por otra parte es éste, en realidad no es la que es, sino que es otra. Cuando ponen la que ponen, no la siento mía. Y cuando ponen la otra alguna vez, en esos errores que ocasionalmente ocurren con banderas e himnos más allá de nuestras fronteras, el pequeño yo de mis fueros internos agacha la cabeza y levanta el puño derecho en alto, mientras mi yo de fuera se descojona cínicamente por lo que eso debe joder a algunos. Entre medias, va y viene algo de penilla al pensar en quienes se ofenden no por ideas claras, sino por ignorancia evidente. "¿Pero esa que bandera es?". Ay...

Por eso, y porque esas cosas también determinan, además, mi forma de relacionarme en sociedad y de ser como persona, no puedo decir que "yo soy patria". Y ya me gustaría, eh, pero no lo veo. Donde otros sienten patria, yo siento tribu y poco más. Es lo que hay.


Por otra parte, siempre tuve en mi pensamiento la idea de que el análisis social, la política y la economía son fundamentales para entender las relaciones entre personas, y por lo tanto las relaciones de poder entre personas que ostentan ese poder, y dominan los recursos, y aquellos que necesitan recursos para sobrevivir, y son dominados por el poder. Y supongo que como en lo de la tribu, de forma reflexionada pero realmente no excluyente - puedo entender que alguien se sienta patriótico -, y con un origen basado en mi propia historia personal, siempre vi las tesis comunistas como el camino lógico a seguir en el análisis de la economía, y el marxismo como una referencia importante en la política y el análisis social, al nivel de otros muchos cuerpos teóricos previos y posteriores. Y siempre pensé que decirme marxista era demasiado, o tanto como llamarme kantista, sartrista, o nietzschista, darwinista o durkheimnista, si es que fuera alguna de esas cosas. Lo de comunista siempre me sonó mejor. Solo que el problema con el hecho de encontrarse con un o una comunista, es que cada comunista tiene claro que el comunismo es lo que él o ella piensa que es el comunismo. Y de hecho, tal y como yo lo veo, funciona así.

Las bases del pensamiento comunista, así resumiendo a lo bravo a muy grandes rasgos, están claras:

-Un análisis económico desde la perspectiva del reparto de la riqueza y la categorización social en clases según su poder y función dentro del sistema económico.

-Una perspectiva del mundo global, internacionalista, con valores solidarios y culturalmente tolerantes.

-Una oposición ferviente y radical ante ideas retrogradas o de cortes fascistas, derivada de la faceta de vanguardia revolucionaria, que también implica agitación ideológica, movimiento social, y manifestación pública de reivindicaciones.

-La exploración de sistemas de producción alternativos, así como fomento de creaciones culturales de todo tipo desde un derecho radical a la libertad de expresión.

-Oposición a las estructuras de poder tradicionales, lo que implica el cuestionamiento de prácticamente todo, comenzando por las estructuras religiosas.

Marx


Y en esas cosas, cabe casi todo lo que se pueda relacionar con el comunismo, o cuerpos de teoría social compatibles, como el feminismo, el ecologismo o el pacifismo. Eso si, claro, luego cada cual es cada cual, y se imagina un mundo comunista distinto. Y como digo, funciona. Funciona porque las tesis comunistas provienen del marxismo dialéctico, o materialismo histórico, y este establece que es el encuentro de distintas tesis, opuestas o encontradas entre si, lo que hace avanzar la historia - lo cual nos hace identificar la política actual como resultado de una lucha de clases constante a lo largo de la historia -. Funciona porque comunismo es lo que yo tengo pensado en mi cabeza, pero también lo que cualquier otro comunista tenga pensado en su cabeza. Funciona porque comunismo es, al final, ponerse de acuerdo, llegado el momento, para solucionar los problemas que surjan en la gestión de nuestros recursos de una manera democrática, y no mediante la mercantilización libre de esos recursos por parte de cualquiera.

Ocurre lo mismo con la separación entre comunismo y socialdemocracia. Realmente, el Partido Comunista español fue una escisión de las Juventudes Socialistas en 1921, simplemente porque querían seguir las tesis que avanzaban en la III Internacional Comunista, la Komintern fundada por Lenin en 1919 y dominada posteriormente por Stalin y el modelo soviético. Marx por su parte había puesto el nombre, socialdemocracia, a eso que juntaba las reivindicaciones del proletariado - quitando los tintes revolucionarios -, con las políticas democráticas burguesas - dándoles, eso si, un retoque socialista -. "Así nació la socialdemocracia", decía Marx, de la que estuvo al frente durante un tiempo como teórico de referencia. Concretamente hasta 1979 para el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), año en que renunciaron a las tesis dialécticas marxistas como referencia teórica de sus análisis y políticas, de la mano de Felipe González.

Decir que Marx era socialdemócrata es como decir que el PSOE era marxista. Y realmente así fue. Pero ambos lo fueron solo durante un tiempo: la socialdemocracia nació a rebufo del marxismo, pero tanto Marx se lo quitó pronto de la estela, como la socialdemocracia, pronto, tomó su propio rumbo. Por ejemplo, tendiendo al nacionalismo durante la I Guerra Mundial, vaciando de todo sentido a los movimientos obreros internacionalistas que se daban entonces. Si, estuvieron allí cuando se proclamó el Día Mundial del Trabajo o el Día de la Mujer Trabajadora, pero después se vio al PSOE entrando en el consejo de ministros del dictador Miguel Primo de Rivera. El accidentalismo siempre fue una característica evidente de la socialdemocracia, y gran parte de su fuerza ha residido en ello.

Y sin embargo no deja de ser una interpretación frívola y extrema de la adaptación al entorno que exige toda dialéctica marxista. Por ello, el enfrentamiento de las dos tesis políticas, comunismo y socialdemocracia, como casi lo mismo, o como lo mismo, es hoy un tanto oportuna, en tiempos de campaña electoral, precisamente por eso. La adaptación radical al entorno, realizando análisis sociales y de los métodos de comunicación y creación de conciencias colectivas, mezclada con el accidentalismo socialdemócrata, nos deja algo así como lo que se ha venido a llamar "Tesis Populista", o incluso "La tesis populista de Errejón". Se ha dicho incluso que ha fracasado: no lo veo.

Lo que veo es que ha catapultado hacia arriba a las ideas revolucionarias en su representatividad política en la poliarquia española. Puede que la palanca ya no tenga sentido una vez llegas a un punto, pero desde luego llegar a ese punto ya es un logro importante. Y el punto es el de quedar tercero en las elecciones, y en un escenario de repetición electoral, poder cambiar de rumbo, confluir a través de herramientas populares con otras fuerzas, y colocarte segundo en las previsiones. Y veremos.

Finalmente, yo ni socialdemócrata, ni marxista, ni patriótico, la verdad. Y lo de comunista, bueno, suena mejor, pero tampoco es la repanocha. Al fin y al cabo, lo más bonito que uno puede oir, de parte de otro que le hace referencia, es su propio nombre, sin nada detrás.

Lo mio nunca fue lo identitario, eso está claro. Y sin embargo sigo teniendo claro que podemos, porque al final la cosa es esta: que no me hablen a mi, y que no hablen de mi, no significa que no sean los míos.

Por otra parte, que hoy día, al cambiar el ciclo económico capitalista y entrar previsiblemente en etapa de expansión en los próximos años, lo que aumenta los riesgos de desigualdad social, que el debate político se centre en estos asuntos de inter-fusión y normalización de etiquetas ideológicas y revolucionarias es otra muestra más de que esos candidatos, los de Unidos Podemos, son los míos.

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